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Alejandro Valverde, campeón del mundo en Innsbruck

Alejandro Valverde, campeón del mundo en Innsbruck

Alejandro Valverde, campeón del mundo en Innsbruck

La quebrada cordillera del Tirol corona al ciclista eterno, al corredor que salda una deuda con la historia y consigo mismo. Alejandro Valverde conquistó la ansiada medalla de oro en el Mundial de Innsbruck, ese diseñado para su lucimiento. En la ciudad austriaca cerró su extraordinaria participación en los campeonatos mundiales, donde antes había logrado cuatro bronces y dos platas. Final del maleficio. El murciano partía como el escalador más rápido, el rival a batir, y cumplió con las expectativas.

El ciclismo es como la vida misma: un camino salpicado de dificultades que de vez en cuando nos sorprende con recompensas reconfortantes. Momentos de felicidad que alivian las permanentes frustraciones. Ese instante glorioso que hoy perseguía Alejandro Valverde para cerrar un círculo irrepetible. «Era un sueño para mí, esto es increíble», decía, con lágrimas en el ojos, el nuevo propietario del maillot arco iris. Y es que a sus 38 años afrontaba su última oportunidad de ascender a la cúspide del podio.

Su triunfo se labró en un emocionante asenso a la última cima de un campeonato terrorífico. Aún aguantó las acometidas del francés Bardet (plata), del canadiense Woods (bronce) y del holandés Dumoulin. Con unos nervios de acero midió la distancia y sprint con esa soltura característica en la meta de la capital del Tirol.

El inolvidable Mundial de Valverde arrancó a ritmo trepidante. Siempre controlado por la selección española. La primera parte de la carrera estuvo marcada por la fuga de un grupo de aspirante de rango inferior: Robert Britton (Canadá), Tobias Ludvigsson (Suecia), Kasper Asgreen (Dinamarca), Daniil Fominykh (Kazajistán), Vegard Stake Laengen (Noruega), Ryan Mullen (Irlanda), Karel Hnik (República Checa) Jacques Janse Van Rensburg (Sudáfrica), Ilia Koshevoy (Bielorrusia) y Laurent Didier (Luxemburgo), que lograron una increíble ventaja de cerca de 20 minutos. Ninguna de las selecciones importantes se tomó en serio la fuga, pero en el primer paso por la meta del circuito, la renta comenzó a disminuir. No era plan que un grupito sin glamour robase protagonismo en un decorado tan especial. Aceleró la Francia de Alaphilippe y pronto se unió la Italia de Nibali y la Eslovenia de Roglic. España, a la expectativa y mucha sangre fría en la Holanda de Dumoulin.

La selección de Mínguez quería una carrera tranquila, controlada hasta el infernal tramo de Gramartboden, con su pendiente extrema del 28%, pero a los adversarios de Valverde les interesaba mover el árbol para desgastar a sus gregarios. Ellos no querían presentarse en la meta con el murciano, porque, ‘a priori’ era el más rápido de los escaladores. En la sucesión de las siete subidas a Igls (7,9 kilómetros al 5,7%), el pelotón ascendía cada vez más enfilado, animado por miles de aficionados colocados en las laderas, gritando y ondeando banderas y pancartas de ánimo. Dominaban los daneses y holandeses, haciendo sonar estruendosos cencerros tiroleses. A 100 kilómetros para la meta abandonó el francés Warren Barguil, uno de los favoritos, por una caída.

El campeón se descolgó

El ritmo se incrementó de forma notable y a falta de 90 kilómetros se quedó descolgado Peter Sagan, que defendía título. Omar Fraile y Castroviejo asomaron por las posiciones cabeceras del pelotón. La ventaja de los fugados ya había descendido hasta los ocho minutos.

A tres vueltas para el final, Eslovenia y España impusieron un sostenido ritmo de caza y el grupo de los escapados se fue descomponiendo progresivamente. Sólo aguantaban BrittonAsgreenVan RensburgKoshevoy y Laengen. A 60 kilómetros atacó el italiano Cataldo, respondió Herrada. Roglic, otro de los favoritos, se cayó y el colombiano Miguel Ángel López ofreció muestras de debilidad. Los 200 kilómetros ya disputados pasaron una factura severa. Italia volvió a contraatacar con Caruso, bien marcado por Omar Fraile y el belga Van Avermaet.

En la penúltimas subida a Igls, la ventaja de los escapados se quedaba en cuatro minutos. KwiatkowskiDaniel MartinPoels y Yates perdieron contacto con el grupo de los mejores. Italia con Brambilla volvió a tensar la cuerda. Una larga sucesión de ataques hasta la neutralización de los aventureros, a falta de 22 kilómetros de la meta.

Los españoles estuvieron fenomenales en el control y la gestión de la carrera, frenando los arreones de italianos, holandeses y belgas. En la refriega antes del último ascenso se quedaron Enric Mas y Nibali. Todas las escaramuzas terminaron cuando llegó la subida a Gramartboden, donde claudió Moscon y brillaron Woods y Bardet. Ambos escalaron por delante de Valverde, que reguló los esfuerzos con un gran maestría. En la rampa del 28% se hundió Dumoulin, que en el descenso consiguió alcanzar a los tres fugados. El español, que era el más rápido, impuso su punta de velocidad para cumplir ese reto que buscaba desde siempre. Un oro para un corredor irrepetible.

Tomado de

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